Animales de Nadie

(Editorial) – En este último tiempo ha crecido en la ciudad de Bahía Blanca la cantidad de hechos aberrantes en contra de animales vagabundos, concretamente perros y gatos. Se ha visto en el centro cómo muchos de los buscadores de vida animal, se han topado con algún ser malévolo que les quitó la vida. ¿Hasta cuándo hay que esperar para que alguien, con la debida autoridad, haga algo?.   En nuestra sociedad hay personas con buen corazón que alimentan y dan refugio a estos animalitos, pero, ¿es su responsabilidad?. Dos asociaciones protectoras luchan por el buen pasar de ellos, pero se sabe que el municipio, quien muchas veces se ha jactado de hacer valer la tan mentada tenencia responsable, incluso promoviendo la idea de los chips identificatorios, no hace nada al respecto. De esta forma, los animales sin hogar vagan sin rumbo por las calles bahienses.

 

No hablamos de mucha inversión, quizás de mucho menos de lo que se invierte en  otras causas, mucho menos necesarias,  como la promoción constante del cantito «Podemos Hacerlo Mejor».

¿Qué cantidad de dinero le costaría a la comuna subsidiar a las ONGs que protegen a los animales?

Es un vuelto, pero no se hace.

Las entidades no dan abasto con el cupo y los albergues se encuentran desbordados, aunque se puede decir también que a la gente que se encuentra al mando, también le desborda el amor por estos pequeños pichichos. Pasan horas y horas en el refugio, parte de su vida se queda allí, sacan de sus bolsillos lo que no tienen para comprar alimento y pagar veterinarios, aunque algunos con buen corazón ya no les cobran. Cualquiera  puede llegar a pensar “ellos lo hacen porque les gusta”. Sí, pero el asunto es que no es su obligación.

La responsabilidad del Estado es garantizar la protección de nuestros animales, de educar de forma continua a la sociedad para evitar que se pierdan o se abandonen, de no ignorarlos, porque las ordenanzas que se han sancionado hasta el momento solo abarcan a perros con dueños.  

Alguien alguna vez me enseñó que se “educa con el ejemplo” y el ejemplo todavía está ausente. Quizás a muchos puede no gustarle que animales vagabundos se paseen por el centro o pueden pensar que afean el paisaje de la ciudad, pero no por eso deberían matarlos como se ha hecho, envenenándolos de una forma cruel e inhumana.

Lamentablemente los animales no hablan, pero  regalan miradas; solo basta comprender lo que nos transmiten a través de sus ojos.

 

 Daiana Appili es periodista y colaboradora de Solo Local.

http://www.visualcv.com/daianaappili/

daianaappili@gmail.com

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