Los Singulares Equilibrios y Desequilibrios de Iván Budassi

(Notas de Usuarios) – Expresada con claridad y amplitud mi postura a partir del sobreseimiento dispuesto por la Cámara de Casación Penal, primero como ser humano víctima de una inmensa injusticia y luego como persona que tuvo el privilegio de haber sido elegida por sus vecinos para gobernar su ciudad y debe honrar ese compromiso, creo oportuno y necesario, en procura de seguir echando luz sobre un asunto de tan oscuras motivaciones, efectuar determinadas consideraciones sobre algunas de las manifestaciones vistas, leídas y escuchadas por parte de quienes, según hasta ahora sólo apenas enuncié en la conferencia de prensa del pasado martes 13 de abril, tuvieron algún grado de responsabilidad en una maniobra ilegal cuyas consecuencias todavía afectan a nuestra ciudad. Cómo varios de ellos—sean funcionarios judiciales, dirigentes políticos o periodistas—parecen abrevar en el mismo asesor a la hora de seguir sembrando confusiones y suspicacias como única estrategia de defensa ante la contundencia del fallo que proclama mi absolución, decidí, por ahora, elegir al abogado Iván Budassi como botón de muestra. Quizás a partir de su caso, tan patente como patético, no sean pocos los que puedan trazar unos cuantos paralelismos que les permitan seguir armando el rompecabezas. 

En lugar de esgrimir convicciones, Budassi eligió deslizar dudas y sospechas sobre pretendidos “desequilibrios” de  mi parte. Muy parecido a esos luchadores que al no sentirse en condiciones de trabarse en un combate franco y sincero, optan por intentar trabar como sea a su oponente, no vaya a ser que éste saque una mano que los siente de bruces.

Cada quien sacará sus conclusiones sobre si hay o no una buena cuota cobardía implícita en este recurso. Por otra parte ¿Cómo se hace para desmentir que uno no es un “desequilibrado”?

Tengo claro que los rumores sobre mis supuestos desequilibrios emocionales, empezaron a reptar como serpientes en determinados corrillos, en el mismo momento en que tras haber ganado las elecciones con amplitud, dejé en claro a quienes pretendían usar el municipio como plataforma de negocios que el intendente era yo y que no iba a estar dispuesto a permitir nada parecido.

Curioso ¿no? Ni durante un carrera profesional de 30 años, atendiendo decenas de miles de pacientes o en una militancia política de más de        40 años, siempre en el PERONISMO, ni mucho menos a lo largo de toda una campaña electoral por una intendencia, ante un adversario encumbrado, que procuraba nada menos que su cuarto mandato consecutivo al frente de un municipio y como tal parecía invencible, jamás se recurrió a un infundio tan bajo en procura de causarme algún grado de descrédito.

No casualmente, lo mismo que hace el abogado Budassi, ahora que la Justicia me otorgó la completa razón y todos los argumentos en mi contra se desplomaron barridos para siempre por la fuerza de la ley en su máxima expresión: es decir las Constituciones Nacional y Provincial.

A ambas, sujetos como éste y algunos otros, parecen pasárselas por donde más les conviene, a la hora de sostener sin que se les mueva un músculo, atrocidades tales como que “no se demostró que no sea culpable” o que, por más que sean ilegales, igual en las escuchas con las que se vulneró mi intimidad y la de muchas otras personas inocentes, se oían cosas “escabrosas”.

Para este último caso, como para resarcirme de muchos otros daños que se me inflingieron con alevosa crueldad y sin reparar en los efectos colaterales que se pudieran causar, existirá una instancia judicial, pero para desmentir que uno no procede como procede como consecuencia de algún otro trastorno que no sea su condición humana no queda otro camino que la apelación al sentido común.

Y sí.  Para eso, a veces hay que pegar unos gritos o decir alguna que otra palabra subida de tono, para poner los puntos sobre las íes. Cualquier padre de familia o maestro de escuela, lo sabe muy bien y otros órdenes de la realidad no difieren para nada del seno de un hogar o un aula.

Y ya que el abogado Budassi, se refiere a incomprobables (por inexistentes) “desequilibrios mentales” de mi parte; primero en defensa propia, pero también como señal de alerta a toda una sociedad que, si no se los desenmascara convenientemente, puede estar a merced del peligroso accionar de sujetos de tal condición, quiero poner en evidencia unos cuantos “desequilibrios” de su parte, los cuales a diferencia de los que él me achaca, son bien objetivos y por completo comprobables.

Me refiero a sus desequilibrios ideológicos, los cuales, bajo el disfraz insostenible de una pretendida condición de “técnico”, lo han llevado a ensayar las más increíbles piruetas, saltos y travestismos políticos, sin que entre ellos medie el más mínimo intento de autocrítica como para justificar o hacer menos impresentables semejantes saltos.

La llamada “borocotización” a la que algunos aluden para reclamar un mínimo de sentido ético, es nada al lado de la camaleónica vocación de Budassi, hoy, como pago a los servicios prestados para coadyuvar a mi ilegal destitución, diputado provincial como parte de una lista electoral peronista, cuya boleta estuvo encabezada por Néstor Kirchner, con todo lo que ello implica.

Al respecto, el otro día, recordé las lecciones de liberalismo económico y existencial que, mientras estaba en Oxford y afrontaba con estoicismo propio de un vikingo, los riesgos afectivos de encontrarse muy lejos de su hogar, impartía por radio a través de comentarios difundidos en el programa “Panorama”.

Un poco más atrás en el tiempo, el sábado 14 de marzo de 1987, para ser más exactos, en la página de editoriales de La Nueva Provincia, con su firma, se publicó un artículo titulado “Memorias de un Egresado” y sirve citar alguno de sus párrafos, más allá de que, para no dejar ningún lugar a dudas, adjunto el facsímil del mismo.

Allí, además de refregar con la jactancia propia del “Bellaco” que tan bien describió Lope de Vega en uno de sus más vigorosos poemas, términos en latín a diestra y siniestra, fija postura sobre unas cuantas cuestiones que, para nada, se condicen con los postulados “nacionales y populares” que, contra tantos intereses, se vienen reivindicando de 2003 a la fecha, a los cuales Budassi ahora debería defender desde la banca que ocupa.

Para empezar nomás, se hace una exaltación sobre las “ventajas” del examen de ingreso a las universidades, lamenta su eliminación y manifiesta su “envidia” por los claustros pagos de Estados Unidos que, según sus palabras, consiguen mantenerse ajenos a la “masificación de la enseñanza”.

Acto seguido, un poco más arriba aún en la atalaya de una aparente egolatría que invitaría a un profesional de la psicología a bucear en la búsqueda de los complejos y miserias que la originan, Budassi, se queja por haber compartido aulas con dirigentes estudiantiles que “dedican su valioso tiempo a organizar marchas contra el FMI, por la paz y los derechos humanos, por la “defensa de la democracia” y por otras causas “nacionales y populares” varias. En fin, en más de 20 años, las convicciones de cualquier persona pueden cambiar, pero ¿tanto?… O, en todo caso, si se cambia ¿no corresponde, por lo menos avisar del cambio, para que no suene tan pero tan mal?

Pero eso no es lo peor, sin contar el horror que, según sus propias palabras en este artículo, parecen producirle a este muchacho “los bombos” que suelen escucharse en algunos actos políticos: sabido es que para la actual presidenta, Arturo Jauretche es uno de sus autores fundamentales, lo mismo que las posturas de la CEPAL, por lo que se desprende que siendo el peronismo un movimiento verticalista, quienes se encolumnen bajo su liderazgo, deben compartir esos lineamientos.

Pues bien, antes de terminar estas singulares “Memorias”, Budassi se despacha con este párrafo: “Predomina en todo el ámbito educativo una ideología izquierdoide, pero no una firme teoría socialista. No, estos “zurdos”, sólo balbucean una cantinela ampulosa y huera, mezcla de Jauretche, CEPAL, bombo, guitarra de comité y revista “Humor”. En un discepoliano “todo es igual, nada es mejor”, la fiebre igualitarista reprime cualquier intento de premiar a quien se destaque en su rendimiento académico. El acomodo es norma; la demagogia es ley”.

Aclaro que las letras negritas, obedecen al texto original. En pocas líneas, todo un manifiesto, por completo contrario a los principios del gobierno gracias al cual ocupa una banca en la legislatura provincial. ¿Pregunto, esto es ser equilibrado?

Es curioso, pero cuando se revisa el curriculum entregado por el propio Budassi a la legislatura provincial (al cual se puede acceder en forma pública. No hace falta andar fisgoneando en la intimidad de nadie para leerlo) este “escrito”, a diferencia de otras muchas publicaciones, aún de menor  cuantía, no aparece por ningún lado ¿Se olvidó de ponerlo? ¿O fue para no dejar tan evidencia su “desequilibrio ideológico” que prefirió olvidarse de ponerlo? En esa foja de servicios, donde sí menciona el antecedente de haber sido “miembro del directorio de la Bolsa de Comercio de Bahía Blanca en tres períodos, se percibe otro “olvido” significativo a la hora de mencionar el partido político gracias al cuál ocupa una banca. Ese espacio, acaso en previsión de futuros devaneos, figura en blanco. ¿Será para llenarlo de la manera que haga falta, según la ocasión?

En cambio, para abonar las suspicacias sobre cierta vergüenza que debe sentir, sí aparece allí otro artículo publicado también en las páginas de La Nueva Provincia” el 26 de septiembre de 1994, para exaltar la memoria de uno de los ideólogos del liberalismo, Karl Popper.

Del mismo modo, la página Web de este legislador, aún en etapa de construcción, hasta hace poco se encargaba de publicitar las recompensas que se pagan a aquellos que aporten información sobre el paradero de represores y violadores de derechos humanos. Pero, ¿cómo Budassi; no era que en las Universidades se perdía tiempo en marchas por los derechos humanos? ¿y el equilibrio? Entiendo: no vaya a ser cosa que, alertado por algún compañero indignado, al “flaco” Kunkel y compañía se le de por husmear en ella ¿no?

Insisto: cada quien tiene derecho a pensar como quiera, pero también obligación a proceder en consecuencia. Desde esta certeza me pregunto si alguien que piensa como Budassi ¿esta equilibrado? ¿Tiene derecho a ejercer un cargo público en representación de las ideas que en forma también pública denostó con tanta vehemencia?

Puesto a buscar explicaciones, recuerdo que durante el fatídico gobierno de De La Rua este muchacho también ocupó un cargo político y que su siguiente “función pública” se produjo cuando, en medio de la tensión pública provocada por la difusión de las escuchas ilegales y después haber sido convocado por Juan Pedro Tunessi para instrumentar la causa administrativa que desembocó en mi destitución, pasó a ocupar un cargo hasta entonces inexistente, en mi opinión creado a su medida: la Secretaría Legal y Técnica del Municipio.

De allí cuando, el agua le estaba llegando el cuello, tras varios papelones, (como cuando tras la quema de la intendencia juró haber visto “humeante” al mismo cuadro de Quinquela Martín que luego aparecería intacto o cuando llegó a asegurar que le cobraría varios millones de multa a Cliba y otras empresas), pasó a un puesto en la conducción de la AFIP y de allí, a instancias del actual intendente y de su jefe político, Dámaso Larraburu, a ocupar una diputación provincial.

Enumeremos: Primero UPAU, es decir Ucedé, y un buen día, funcionario delarruista del gobierno de la Alianza. Más tarde, sin nunca explicar el porque de semejantes cambios, funcionario de Felipe Solá y luego, técnico contratado por el presidente radical del HCD local para trabajar para mi destitución. Después de eso, secretario de la administración larraburista que sucedió a mi intendencia, kirchnerista “ortodoxo” en la AFIP y ahora “kirchnerista critico”, acaso preanunciando otro salto cuántico ideológico, presumo, siempre y cuando vaya a estar bien remunerado. Me pregunto, entre tantas idas y venidas ¿dónde quedó Karl Popper?

Cuando, entre azorado, indignado pero también atónito y hasta fascinado por tanta desfachatez ejercida desde un tono seudo doctoral, contemplo este cambiante derrotero, imagino a Budassi como un transeúnte desorientado en el cruce de las avenidas de una gran ciudad: “toma cualquier tranvía, porque todos lo dejan bien. A fin de cuentas, él lo que quiere, es estar a resguardo del frío y de ser posible, bien sentado…

Quizás, si el viento político cambia de dirección en este país, esperemos que no por el bien de todos y Cobos, Macri, Duhalde, Carrió, De Nárvaez o incluso “Pino” Solanas, toman el mando, Budassi seguro sería muy capaz de encontrar “alguna faceta técnica” que, cómo ya hizo hasta ahora, lo vinculase con cualquier administración, sea cual fuere su color político o tendencia ideológica.

Por si hace falta, aclaro que este paseo por los azarosos antecedentes ideológicos de este personaje, para nada, es ajeno a la cuestión que me involucra, si no que se vincula en esencia con las motivaciones de quienes urdieron la maniobra montada para sacarme de la intendencia como sea y para ello, coordinaron recurso humano variado, siempre predispuesto a vender sus servicios al mejor postor.

En realidad, me temo, Budassi no es ni derechista ni izquierdista, tampoco aliancista, ni mucho menos, peronista o kirchnerista (más allá que se empeñe por decirle “compañero” hasta las estatuas de la Legislatura o estar atento en llamar a programas de radio donde se aluda su condición “no justicialista” para que, inmediatamente, se aclare lo contrario), aunque ocupe una diputación en su nombre del Frente para la Victoria.

Y cuando me aproximo a estas conclusiones, creo advertir que hay una única coherencia en las andanzas de quien en sus orígenes fue un liberal de rancia estirpe, militante de UPAU, vertiente universitaria de la llamada Ucedé, fundada por Alvaro Alsogaray, su hija María Julia, Adelina de Viola y Alberto Albamonte, entre otros militantes de pretendidos y diversos principios que, el tiempo se encargó de demostrar, que confluían en uno sólo: «Todo se compra y todo se vende, porque todo tiene un precio»

A esa elevada corriente de “pensamiento”, sin dudas, adhiere Budassi y para mantenerse en ella, parece dispuesto a perpetrar todos los “equilibrios” que hagan falta, sin pudor ni temor a que tantas idas y venidas terminen por tornarse ridículas.

Posiciones tan distantes y extremas unas de otras que sólo permiten encontrar entre ellas un solo denominador común, una única vocación que las atraviesa y las enhebra: el sueldo. ¿Qué diría Popper de esto?

Iván Budassi es “sueldista” y hay que tener cuidado, porque es capaz de llevar hasta las últimas consecuencias esa “convicción”. De no ser así, ¿cómo se entendería la avivada de pretender cobrar dos veces, el mismo concepto por antigüedad en un salario estatal, en la que incurrió cuando ocupó la Secretaría Legal y Técnica del municipio, maniobra que fue descubierta y criticada por el hoy concejal, en ese momento puesto por el Dr. Lopes, Fabián Literas,

Claro que en relación al asunto, a diferencia de lo ocurrido con detalles o cuestiones mucho menores relacionados con mi administración los cuales se magnificaban y se presentaban como escandalosas en forma constante y descarada, no se batió tanto el parche y, por supuesto, a favor de ese silencio, no hubo ningún fiscal atento a iniciar una investigación “de oficio” para esclarecer lo que, delito o no, es impresentable para las elementales normas morales que deberían regir la conducta de cualquier funcionario público.

En ese caso, para fundamentar el dictamen correspondiente, como era de esperar en alguien tan apegado a las formas y los buenos modales (o como dice Serrat: “a engalanar la boñiga”) se recurrió al muy poco sutil recurso de hacérselo firmar a un subalterno, para, está claro, así disimular el indecoro de ser uno mismo quien argumente su propio aumento de salario. Parafraseando sus propias palabras para conmigo, cuando intentó desacreditar la razón que me da la justicia de distintos tribunales e instancias, me pregunto si en este caso, ¿no es él quien “zafó por un tecnicismo”?

De esta manera, al pie de la resolución en la que se estableció que, mientras fue funcionario municipal, los bahienses debieron pagarle a Budassi por la misma antigüedad por la que, al mismo tiempo, ya le pagaba la Universidad Nacional del Sur, pueden verse la rúbrica y el sello de la doctora Diana Larraburu. Sonoro apellido de ascendencia vasca ¿no?

Enviado a Solo Local por Dr. Rodolfo Lopes, 21 de Abril de 2010

 

 

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