(Notas de Usuarios) – Hay dos planos que distinguen el disloque bonaerense. Primeramente, el Conurbano. Es una extensión de la Capital. Viven los que trabajan en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Sobreviven (quizá) los que migraron al Gran Buenos Aires por una esperanza. El Conurbano tiene que añadirse a la CABA. No es provincial. Absorbe la mayoría de nuestros recursos empobreciendo a los bonaerenses. Le da un peso electoral que trastoca el desarrollo de la democracia. El otro plano es el de la organización política. Hay notoria distorsión entre los municipios. Hay pobres y pudientes. ¿Cómo se justifican diferencias de sueldos entre comunas para las mismas funciones de trabajo? ¿Por qué se deja en los intendentes, que cobran de la planilla de Personal, la discusión de los salarios? Un aumento hará que el jefe también se beneficie. No tiene sentido.
Lo malo es que ni siquiera en la Carta Orgánica, que es la ley de los municipios, se ha dispuesto un organismo que represente a los vecinos (más allá de la Asamblea de Mayores Contribuyentes, que normalmente integran afiliados del partido oficialista) que plantee al Ejecutivo comunal la posición de quienes realmente lo sostienen con sus tasas y derechos y multas.
Los salarios deberían establecerse a nivel provincial, para todos los distritos. Los fijaría el Ejecutivo en asociación con el congreso bonaerense. Lo más justo.
La legislación reclama una urgente revisión. En materia de tránsito y transporte, por ejemplo, la ley ataca a la democracia imponiendo sanciones a quienes no muestran prudencia al conducir vehículos. Esto es irrisorio: la decisión de engancharse un cinturón al manejar es decisión del conductor. Ponerse un casco para salvar su cabeza es albedrío del ocupante del rodado. El derecho no tiene cabida en la toma de conciencia. Eso es cuestión educativa o de persuasión. Y hay para seguirla…
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