(Análisis y Opinión) – El año que está por culminar nos dejó varias cosas. Si hablamos de cómo empezó lo primero que me viene en mente fueron los accidentes de tránsito; quizás no bastó con las coloridas campañas del municipio para tomar conciencia de que el volante, sin responsabilidad sobre él, es un arma. Lamentamos varias muertes por la falta de prudencia, controles y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Pendiente en este tema, queda la revisión del examen de manejo; tal vez allí habría que ajustar mayores exigencias. Por otra parte, recorrí calles y fui usuaria del nuevo sistema de transporte público de pasajeros, que como alguna vez escribí, me decepcionó. No soy de las que opinan sin saber; he padecido este problema en carne propia. Primero fueron las monedas, que no se conseguían y uno terminaba retomando el viaje de vuelta a pie, porque además los choferes tampoco se solidarizaban. Cuando solucionamos la forma de pago, comenzamos a sufrir los incumplimientos en las frecuencias y terminamos sintiéndonos como ganado, viajando hacinados, una situación que hasta el día de hoy se mantiene. Sufrimos el día a día, contamos los minutos y especulamos cuando puede pasar una unidad y al abonar el pasaje, uno se da cuenta que necesita más dinero.
Si seguimos recorriendo el año, nos encontramos con el tema de la inseguridad, que experimentamos los 365 días del año. No solo robos, sino muertes, violencia y la pregunta resurge,¿quién te protege?
La bendita policía, aquella que supo callarse la boca cuando por el mes de septiembre se destapó la olla y la cúpula terminó mostrándose públicamente como corrupta. Muertes, sin razón. Violencia desmedida, y una gran tarea pendiente: justicia y seguridad social, ambas garantias que no tenemos y por eso nos sentimos como nos sentimos, ¿o será sólo una sensación?
Creo que entre todo lo que trascurrió en estos 12 meses, el premio se lo lleva la crisis hídrica, ocasionada por una tremenda sequía que azotó a Bahía Blanca y la región. Campos secos, pérdidas irrecuperables y la ciudad se vio envuelta en medio de un conflicto social y empresarial que tiene como objetivo el abastecimiento de agua. El dique seco, la cota cada vez más baja. Nos aplican restricciones pero, no al punto de la multa a quien derrocha. Montan una patrulla para detectar conexiones clandestinas y ¿qué determinan? Que en los barrios mas prestigiosos es donde más se viola la ley.
Pasamos muchísimas cosas más, no todas fueron malas, reconozcamos que este año aprendimos a ahorrar gracias a la crisis hídrica y a manifestarnos de forma pacífica por lo que creemos que es justo; nos comunicamos de diferentes formas y eso gracias al avance tecnológico y al poder de las redes sociales.Conocimos personajes que se iniciaron como héroes y terminaron como estrategias de marketing publicitario, como el «pollo justiciero». Creímos que era justo ejercer el ojo de ciudadano por la calle y comenzamos a denunciar, nos solidarizamos con el prójimo y aunque en muchas ocasiones el patrullero o la ambulancia no llegaron a tiempo, la intención estuvo.
Nos queda mucho por avanzar, por crecer y por mejorar. En muchas cosas nos quedamos en el camino y en otras sorteamos obstáculos para llegar a buen puerto. ¿Que se espera para el próximo año? Creo que Justicia, seguridad, Solidaridad, Coherencia, responsabilidad y principalmente compromiso de todos quienes formamos parte de la sociedad bahiense, y cuando se habla de todos, significa TODOS, desde aquel que se levanta todas las mañanas con la ilusión de conseguir empleo, de aquel que estudia para hacer que algún día los errores se puedan corregir, hasta aquel que sentado en un sillón dirige y toma decisiones por nosotros, aunque, ¿esta en el sillón o se fue de viaje?.

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