Fuga de Cerebros

«Patagonia, Patagonia, tierra de ángeles sufridos, ayer te hirieron las balas, hoy te hieren los olvidos» (José Larralde)

Así el cantor popular nacido en Huanguelén,  describe con crudeza un sentimiento que se ha hecho carne en todos los productores del sufrido sudoeste bonaerense. Un olvido que va más allá de las ideologías, del razonamiento y hasta de los gustos. Un olvido que parece ensañado con nuestras pampas. Un lugar elegido para que la seca, el viento y la tierra hagan de las suyas. Todo parece confabularse para que lo que está mal, termine peor.

 

Primero fueron los años de una ganadería sin margen. En una zona típica de cría, la perversa intervención estatal marcó rápidamente el éxodo de uno de los pilares de rentabilidad de nuestra región, donde con irregulares regímenes de lluvias, con bajas cargas animales por hectárea, fueron minando el único medio de subsistencia de nuestros chacareros. Algunos, llevados por los buenos precios y una ausencia total de políticas agropecuarias que alertaran sobre el destino de estas tierras, llevaron a muchos productores a que sus campos dejaran atrás vacas y ovejas para destinarlas a trigos y cebadas. Claro, más allá del destino el problema fue el cómo. Cientos de productores haciendo uso de una herramienta, que quizás alguna vez -dicen viejos productores de la pampa-, hasta tuvo un proyecto que quería prohibir su uso: el arado de disco. Así montes naturales, flora autóctona y hasta costosos llorones, fueron víctimas de la revolución agrícola en una región que históricamente fue sub-húmeda, semiárida y árida según se mire el mapa del sudoeste.

Basta tan solo aprender de la naturaleza y buscar las señales de los que siempre estuvieron y siguen siendo el jurado de un cambio climático, que quizás poco tiene que ver con el hombre – más allá del daño de la atmósfera o de la desforestación- : ahí están ellos, piquillines, chañares, jarillas, alpatacos, caldenes….y hasta los tamariscos que supieron plantar los más viejos habitantes, son fieles y mudos testigos de que nada es nuevo, de que todo vuelve a empezar.

Quizás con los años deberíamos aprender más de quienes poblaron estos lares. De que alguna vez miles de ovejas poblaban la región, no solo por capricho o economía, sino por la simple lógica de quizás era un animal rústico y adaptable a estas regiones. O que en aquellas épocas se comenzó a hablar de labranza cero, de guardar potreros para el otro año -¿quién deja un año sin tocar 20-50 has???- , de rotar cultivos, de pastoreos rotativos o pastoreos por hora, de estacionar los rodeos. Parece mentira que todavía a esta altura, cientos de campos no utilizan ningunas de estas medidas históricas de manejo. Tampoco fue un capricho que un gaucho se viniera desde el África con un yuyo -el llorón- capaz de soportar vientos, secas y ser altamente productivo.

Así entonces vemos cómo todavía seguimos discutiendo qué hacer con nuestra zona, si subsidios, si maíz, si dinero….son todos paliativos para un mal, que no es tal. Las soluciones están a la vista, quizás la ley del desarrollo del sudoeste es una de las pocas pero grandes ideas que han tenido quienes trabajaron en pos de un proyecto que iba más allá de un par de años sin lluvias. Una ley que entiende el mensaje de que no podemos seguir copiando al resto pero tampoco produciendo sin conocimientos. Claro, ahora falta que la desesperación de muchos, la falta de ideas de otros tantos y la maraña burocrática política, no la manquen antes de salir a pista.

Hay mucho por hacer y mucho por aprender. Pero en algún momento habrá que empezar por casa. El sector está en crisis y tiene muchos culpables. La política es la más fácil de señalar, pero los errores propios no deben dejarse a un costado. El que más ha dañado al sector es el propio sector. Sin comunicación, sin autocrítica, sin políticas propias, sin adaptación a los cambios y hasta con cuatro entidades, es la muestra más clara de que se sigue mirando la casa de al lado pero no miramos puertas adentro.

Al final de cuentas, más allá de todo lo dicho, quizás la pregunta sigue siendo la misma: ¿va a llover? La respuesta  está a la vista. Habrá que resignarse primero, convencerse después y comenzar a trabajar para que producir en nuestra región no solo dependa del cielo.

Carlos Bodanza

Veterinario

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