(Notas de Usuarios): El lunes pasado, después del almuerzo, salía de casa en busca del auto cuando se me acercó nuestra nueva vecina munida de su hijito:
— ¿No podrá llevar a Cristian Maximiliano a su clase de Solfeo, por favor? — preguntó — Nosotros tenemos el auto en el taller ¿sabe?
No había inconveniente, pero tampoco hubiera importado que lo tuviera, porque antes de que pudiera responder, mi vecina ya se había despedido del chico y había vuelto a meterse en su casa. Cristian Maximiliano, por su parte, subió al auto sin decir palabra. Y partimos. A poco de andar, resolví romper el silencio. Vea el final de este interesante diálogo en el artículo completo.
— ¿Cuántos años tenés? — pregunté (a mí siempre se me ocurren preguntas fuera de lo común).
— Once — contestó Cristian Maximiliano.
— ¿Estudiás piano?
En vez de responder, me preguntó la hora, preocupado. Se la dije.
— Otra vez tarde — comentó, dando un suspiro —.
Pero bueno, uno no es una máquina de cumplir horarios, qué tanto. Me hizo gracia la frase, que parecía exagerada, y dije:
— ¡Qué sabrás vos lo que es cumplir un horario en serio!
— No crea — respondió — ¿Quiere que le cuente cómo son mis horarios entre semana?
— Bueno.
— Mire, para empezar, está la Escuela, todas las mañanas ¿no?
— Ajá.
— Hoy, lunes, voy al Conservatorio hasta las cuatro de la tarde …
— Ajá.
— … y de ahí salgo, rajando, para ir a clase de básquet, hasta las cinco y media …
— Ajá.
— … y de la clase de básquet me voy como chifle a estudiar inglés; porque a las seis entro a inglés …
— Ajá.
— … y a las siete y pico vuelvo a casa y me pongo a hacer los deberes para la Escuela, me baño y como. Y a la cama.
— Así que hoy es un día bravo para vos.
— Hoy, mañana, pasado, el jueves y el viernes.
— Pero ¿tanto como hoy?
— Vea, mañana a esta hora tengo Artes Plásticas. Salgo, y voy a casa a estudiar piano, para la clase de las seis …
— Ajá.
— … y después, desde las siete y monedas, igual que hoy.
— Ajá.
— El miércoles, a esta hora, de nuevo a Artes Plásticas, y después, como hoy: Básquet, Inglés y estudiar para la Escuela.
— Ajá.
— El jueves, a esta hora, como hoy. Después estudio piano, y voy a Piano; como el martes, bah.
— Caramba …
— Y el viernes, igualito al miércoles. ¿Qué me dice ahora, sé o no sé lo que es tener horarios?
Cristian Maximiliano me miró, mientras se disponía ya a bajar:
— ¿Quiere que le diga una cosa? Mamá y Papá no lo saben, pero, además, yo me levanto todos los días a las seis de la mañana.
— ¿A las seis? ¿Para qué?
Por primera vez, sus ojitos brillaron con algo de alegría.
— Para jugar un poco
