Estamos al Horno

(Notas de Usuarios) – Al parecer no tiene sentido discutir si el proyecto de Ley de Medios debe ser aprobado ahora o después. debido a que el kirchnerismo impulsa su aprobación para el 10 de diciembre, antes del recambio tal como sucedió con la prórroga de las facultades delegadas, debido a las diferencias ideológicas que surgirán con dicho recambio, usando su as de espada escondido en su manga, como  fue el adelantamiento de los comicios, en un intento de preservación del poder, lo que lamentablemente es un echo que los nuevos legisladores deberán esperar hasta asumir en diciembre, viendo angustiados las ambiciones desmedidas del kirchnerismo en su intento de mantener el poder.

Como pasa a segundo plano las normativas a adoptar, lo que realmente se pone en juego es el derecho a la información como ciudadanos libres y en democracia, sin censuras y a favor de valorizar  las informaciones recibidas, y emitidas  y ser y sentirnos  libres para ejercer nuestra propia soberanía. .
Lo que hoy esta en discusión es la ley, y  el modelo que ella materializará. Y sabiendo que siempre existen intereses camuflados dentro del apuro del oficialismo. A quien le interesaba de la vigencia de la misma si era de la época del gobierno de facto (gobierno de Videla), y que en este periodo democrático debe ser sustituida.

Acá  se ve claramente las intenciones del kirchnerismo se aprueba ahora o nunca mas y en ese caso debería soportar la peor venganza mediática  que lo condenaría a ser un desecho político sin aspiraciones al 2011, ya que el gobierno de Cristina a perdido el rumbo y es muy difícil de retomar por encontrarse a la deriva y sin instrumentos, dicha venganza como la sufrida por Carlos Saúl Meneen  en 1999, claro dentro de los intereses creados no podemos dejar de mencionar al grupo Clarín que de aprobarse dicha ley debería ceder  236 licencias  de las 264 que hoy posee, como también elegir  entre el manejo del canal 13  o continuar el negocio del cable y perder  su predominio con el ingreso de otros, al mercado del triple play.

Lo importante es replantear los ejes en los que se asentará el modelo democrático de medios.

 

En primer lugar la legitimidad del Estado para dictar una “política de comunicación”, apropiada. En La Corte Interamericana de Derechos Humanos en una célebre Opinión Consultiva de 1985 ha dicho que: “La libertad de expresión es una piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática”, la democracia existe mientras haya libre expresión. Hay un orden público democrático análogo al que justifica la reglamentación de los partidos políticos, llamados “instituciones fundamentales del sistema democrático” de acuerdo a  la Constitución Nacional. En segundo lugar: ¿a quién debe priorizar esa reglamentación? Parecería que no a las empresas mediáticas. La libertad de prensa forma parte del derecho a la información libre y necesaria de una sociedad democrática, a quien debe protegerse es a los ciudadanos que emiten ya sean o no periodistas y a los mismos que reciben esa información pública. De ese modo se aseguran las dos caras del derecho a la información.  Esto no implica desproteger a los medios, pero lo cierto es que, cuando éstos son afectados, como medios que son, van en perjuicio del comunicador y el destinatario, y todas las personas físicas amparadas en un derecho que es el de estar informado                    . 
Esta dimensión teórica tiene un efecto práctico, concordante con el principio general según el cual el sistema jurídico debe proteger a quienes de ser sean más débiles, que no son ni los gobiernos ni las corporaciones mediáticas. Es así que los destinatarios de protección deben ser los comunicadores y los receptores, ambos pasibles de ser dañados tanto por los gobiernos como las corporaciones. ¿Quién le asegura al periodista?, por ejemplo, que el dueño no lo censurará a él “hacia adentro” y, con ello, al posible receptor de la información.
A ese núcleo de protección apunta la Convención Interamericana de Derechos Humanos cuando prohíbe toda interferencia al derecho a la información, la cual también puede servirse de “vías o medios indirectos” (piénsese en la distribución de la publicidad oficial) como provenir del “abuso de controles oficiales o particulares” (Art. 13.3), o sea, del Estado o de los oligopolios y monopolios privados. Aun así  sabemos de periodistas que han perdido  su puesto de   trabajo por no ser obsecuentes de lo dispuesto por los dueños.  
Ahora bien, hablar del Estado como legítimo coordinador no es hablar del Gobierno Nacional. El Estado tiene tres poderes (no uno) y también está integrado por la sociedad. Este distingo hoy no está presente: los medios públicos que con la nueva ley se acrecentarían, son y han sido siempre una oficina propagandística del Gobierno de turno. Como ultima reflexión  podríamos decir que bueno el kircnerismo nos ha salvado del grupo Clarín, pero llamemos al Chapulín Colorado para que nos salve del kirchnerismo, al menos contaríamos con la astucia de alguien.

 

Escrito por Bruno Abel Diez

 

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