Asfalto: Algo Está Fallando

(Notas de Usuarios) – Los pavimentos en nuestra ciudad han decrecido notablemente en calidad, debido a la falta de control adecuado. Pareciera que los procedimientos actuales no cumplen con las normas. De acuerdo al tipo del terreno se debería definir el material a usar; por ejemplo, donde las napas freáticas están muy cerca, se debe optar por hormigón elaborado con mallas de hierro y requieren de un procedimiento especial que depende del estudio previo; el mismo puede consistir en depresión de napas, para que estas bajen o rellenos con elevación del terreno, para lograr sacar el material blando y rellenar con tosca compactada para proceder después a hacer una capa de suelo cemento.

Esta última consiste en un premezclado de tosca dosificado con cemento, compactado y con riego para que este forme una capa de casi 10 cm. o bien pedregullo drenante.

En cada procedimiento de estos, se controla en distintos puntos y se deben hacer muestras de densidad del suelo terminado, donde se debería verificar las disificaciones, con relevamientos topográficos para constatar los niveles, para que el espesor sea uniforme en dicho suelo cemento. Luego se debería proceder al moldeado y llenado de losas, en el caso de los hormigones elaborados, y aun así los asfaltos en zonas complejas antes tenían una duración de 25 años mínimo, ya que a partir de 1980 la calidad comenzó a disminuir.

Por caso, en la calle Catamarca, entre Moreno y Roca, se hicieron con depresión de napas y recambio de terreno y consolidado de suelo cement,  pero ya sin malla, solo con pasadores en las juntas. Como resultado en el año 90 las losas estaban partidas y hoy ya se tornan intransitables. El mismo efecto se puede ver en Jujuy al 700,  a pesar que en esas épocas se trabajaba bastante bien y con controles acordes.

No obstante esto, los inspectores municipales sacaban muestras (probetas del material vertido), con las que luego se hacían ensayos  para verificar la calidad. En caso de que el resultado no fuera el esperado, no se certificaba la obra para su cobro, hasta no ser demolida y reparada. Se controlaba la profundidad de las juntas de dilatación y la colocación exacta de los pasadores; estos eran prolijamente engrasados y envueltos en un papel corrugado para que cumplan su función. Y jamás se reventaban las losas, ahora es evidente que algo está fallando.

Es el caso de los pavimentos asfálticos, el procedimiento era similar, en los lugares que el estudio de suelo previo determinaba que era apto este pavimento asfáltico, se sacaba una capa de tierra, se rellenaba con tosca, se compactaba y se hacia una capa de suelo cemento, pero cada procedimiento era minuciosamente controlado. Luego se tiraba un riego de liga o imprimación asfáltica la que se dejaba orear un par de días; por ultimo se procedía a la distribución de la carpeta donde no solo se sacaban y hacían muestras para saber la dosificación de la mezcla, sino que también se le tomaba la temperatura a la misma, que no fuera inferior a los 140 grados en el caso de los asfaltos calientes; por detrás de la terminadora se pasaba aplanadora y rodillo neumático para compactar y cerrar los poros de la mezcla, donde la carpeta tenia que quedar perfectamente sellada y sin poros, que es lo que en definitiva le dará la durabilidad de la misma.

Calles como Charlone del 1400 al 1700, Líbano del 800 al 1100,  1º de Marzo y Avenida La Plata hasta avenida Alen y otras tantas de los años 80, hoy perduran en el tiempo, salvo las roturas por cortes de reparaciones.

Por los hechos conocidos, en los últimos años o los controles son deficientes o da la pauta que alguien se come la torta.

El  mal es solo para el frentista, quien absorbe los costos del pavimento. Se debería controlar de una manera más efectiva porque de lo contrario nunca vamos a tener la ciudad que nos merecemos.

Cuando las cosas se hacen bien perduran en el tiempo y a la vez nos permiten seguir avanzando en nuevas obras para poder llegar a todos los puntos de la ciudad. En provincias que tienen controles adecuados el resultado es una red vial acorde al usuario. Un ejemplo de esto es San Luis, que hoy tiene en su provincia el 34% de las autopistas del país entero. No son magos: entendieron que las cosas que se hacen bien perduran en el tiempo y les permite un mayor desarrollo sostenido.

Por último, hoy día parece que hemos vuelto a la época de los adoquines de principios del siglo pasado, con los famosos reticulados que hoy se han puesto de moda. Para colmo, ahora resulta que no pasan el control de calidad. Vamos de mal en peor; la ciudad está destruida. También las cañerías que se rompen y deterioran. Las reparaciones que se hicieron días antes de las elecciones, cuando una cuadrilla andaba totalmente elegante con chalecos refractivos, caminando detrás del camión con una aplanadora en un carretoncito, no fue suficiente: aún no llovió todavía y los parches volaron.

Ya que comenté el tema de los chalecos,  les pediría que le entreguen uno nuevo a un muchacho que hace controles de tránsito en el centro; no conozco su nombre, siempre lo tiene prolijamente limpio, pero los signos de deterioro en el mismo dan vergüenza.

Esas pequeñas cosas son también las que embellecen la ciudad, aparte de una  semi  peatonal que a mi criterio no era necesaria. Había cosas  mas importantes que hoy parece que han descubierto, como los caños en mal estado; a lo mejor no lo sabían. Antes de las elecciones en «La Nueva Provincia» comenté esto porque es un tema que me preocupa desde hace años, pero no veo soluciones.

Esccrito por: Bruno Abel Diez

Los comentarios están cerrados.

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑