El Lado Oscuro de la Seguridad

menores_delincuentes(Notas de Usuarios) – Jonathan Ferreyra es uno de los tantos muchachos de clase media baja que deambula, sin trabajo estable, por nuestra ciudad. Vive con sus padres y sobrevive haciendo esporádicas changas con un familiar. El día 8 de mayo del corriente año, alrededor de las 19:30 hs., tuvo la –mala- idea de ir a visitar a un amigo. Le pidió prestada la bicicleta a un primo y salió. Al llegar al lugar, la hermana le informó que su amigo todavía no había llegado de trabajar, por lo que -luego de dejarle un mensaje- emprendió el regreso a su vivienda. En el trayecto, se encontró con dos conocidos del barrio, con quienes se puso a charlar. A los pocos instantes, llego al lugar una patrulla policial. La oficial a cargo del procedimiento, le requirió los documentos y, previo despachar a los otros dos muchachos, comenzó a interrogarlo sobre su presunta participación en un robo ocurrido a doce cuadras. Jonathan, sorprendido, respondió que no tenía nada que ver, que venía de la casa de un amigo.

 

El muchacho fue trasladado a la comisaría, donde -según expuso al fiscal más tarde-, fue golpeado para que «se hiciera cargo»: dijo que le exhibieron un pullover que no era suyo, enterándose en dicho momento que se le imputaba un robo con arma –específicamente con un pico de botella- a un ciber. Jonathan no solo concurría habitualmente a dicho comercio sino que, además, conocía a las dos personas que lo atendían. Los apremios ilegales fueron denunciados, así como los nombres de los testigos que luego confirmarían su versión de los hechos. A los pocos días a Jonathan se le dictó prisión preventiva en base a los dichos policiales y las manifestaciones vertidas por una víctima, quien dijo reconocer la gorra que tenía y el pantalón, no así a Jonathan. Sí admitió conocerlo con anterioridad al hecho, por haber  jugado al futbol con él en varias oportunidades.
El 11 de agosto pasado, el Tribunal Criminal Oral Nro. 1 de esta ciudad, con el voto coincidente de los jueces Mario Lindor Burgos, Hugo Adrian De Rosa y Claudia Fortunatti, absolvió libremente a Jonathan Ferreyra , dando absoluta credibilidad a la versión sostenida por el nombrado durante todo el proceso, como así también, a la de los testigos aportados por el mismo, desestimando por falaz y contradictoria la versión policial. Jonathan estuvo privado de su libertad durante tres meses. Denunció apremios ilegales en dos oportunidades: La primera,  cuando fue detenido. La segunda, cuando estando alojado en la Seccional Primera de la ciudad, el 18 de mayo fue objeto de una brutal golpiza –como consecuencia de la cual actualmente padece severos  problemas auditivos- , motivada en la fuga de tres detenidos de la mencionada dependencia policial. Seguramente, «el pronto esclarecimiento del hecho» -según la jerga policial- resulte de suma utilidad en la construcción de la anhelada y efímera «sensación de seguridad»; a la ascendente carrera de algún funcionario policial,  o quizás para la proyección de algún político de neto perfil autoritario. También puede servir para que algún periodista obediente, continúe en su incansable prédica en favor de la “mano dura”.
Pero, sin lugar a dudas,  estos hechos no sólo no nos dan mayor seguridad, sino que debieran cuestionarnos como sociedad democrática, en tanto resultan a todas luces incompatibles con el objetivo de «afianzar la justicia» en un Estado de Derecho, afectando concreta y cotidianamente la libertad e integridad física de ciudadanos de esta ciudad.

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