La Mordedura Tajante del Estado

(Editorial) – Como si se tratara de una saga cinematográfica, la lista de cosas que no deberían pasarnos, pero nos pasan, crece proporcionalmente a la indignación que nos gana el espíritu cuando quienes tienen responsabilidades públicas, no las asumen.

El día de Navidad, un nene de 3 años, hijo de una familia bahiense, fue mordido por una Yarará en el Parque Provincial Ernesto Tornquist. Ante la premura del caso, los padres lo llevaron al sitio de atención más cercano, la sala médica de Villa Ventana. Pero la doctora que atendió al chico les informó que allí no había suero antiofídico (ninguna sala médica lo tiene) y en una decisión incomprensible, lo derivó al Hospital Penna. Uno puede imaginar la desesperación de esos padres mientras transitaban la Ruta 33, y rogar por que no hayan visto los documentales sobre ofidios de Animal Planet.

Pero no es el caso, y pasadas 3 horas desde el accidente, la familia llega al hospital de calle Laínez, donde les informan que para inocularle el antídoto al chico, deberían llevarlo al Hospital Municipal. Es que los Hospitales Provinciales no son Centros de Referencia Toxicológica. Sí lo son los Hospitales de las Comunas, información vital que la mayoría de la gente desconoce.

El peregrinar del menor fue largo: desde aquella sala de la Villa hasta el Penna, después al Leónidas Lucero, donde finalmente le dan el antídoto, pero resulta que como el Municipal no posee Terapia Intensiva Pediátrica, termina nuevamente en el Penna. Un recorrido insólito para algo que debió haberse solucionado en un único lugar: el Hospital Municipal de Tornquist. Bien podrían haberle inoculado el suero allí y, si se consideraba necesario, recién entonces derivarlo a Bahía Blanca.

Desde que se conoció la noticia, el miércoles pasado al mediodía, ninguna autoridad sanitaria del Partido de Tornquist, pese a la requisitoria, dio la cara. Recién hoy, cinco días más tarde, la doctora Margarita Garmendia, directora del Hospital Municipal de ese partido, apareció ante los medios bahienses, aclarando que sí hay suero antiofídico en Sierra de la Ventana, pero que “por prevención”, la médica de la Sala de Villa Ventana lo había derivado al Penna.

Un periodista le preguntó si no hubo negligencia, pero la funcionaria lo negó y minimizó el error, remitiéndolo a “una confusión en los nombres de hospitales”. Como si el chico no hubiera sido trasladado en ambulancia, para lo que es imprescindible su orden de derivación. Es como si un médico, en vez de recetar Amoxicilina indica Cefalexina. Aunque ambos son antibióticos, no son lo mismo.

 

Para rematar, la funcionaria sostuvo que “tampoco es tan importante el tiempo que pase”. No es necesario tener un postgrado en Toxicología para entender la profusa bibliografía que demuestra que no considerar el tiempo de tratamiento, mucho más en un niño, es improcedente. Algo así como tapar el sol con la mano. Por más que lo intente, la luz pasa igual.

La yarará chica, por ejemplo, es la serpiente de nuestra región con el veneno más tóxico y la responsable del 80% de los envenenamientos en todo el país. El tóxico de esta serpiente no está compuesto por un solo principio activo sino por un verdadero cóctel de sustancias que actúan secuencialmente. Su acción es local, afectando la sangre y destruyendo los tejidos en las cercanías de la mordedura. La zona afectada se vuelve entre negra y púrpura y el color cianótico avanza conforme pasa el tiempo. Luego de unas horas se forman ampollas llenas de un líquido sanguinolento. Si no se aplica el suero oportunamente casi siempre sobreviene la muerte, normalmente por fallo renal.

La literatura médica reporta que sin atención medica, la muerte puede ocurrir entre 6 y 12 horas después de la mordedura. Pero algunos tal vez recuerden cuando en el 2007 los medios nacionales informaron acerca de la muerte de un nene de 9 años, fallecido el 22 de enero de ese año, una hora después de ser picado por una víbora yarará que había encontrado debajo de un trozo de leña en un campo en la localidad de Anchorena, 260 Kilómetros al sur de San Luis. O sea que a veces, el tiempo sí importa. La medicina no es una ciencia exacta.

Aunque en los últimos años no haya muerto ningún turista por mordedura de serpiente, ese argumento no sostiene la hipótesis minimalista. No hay que esperar que debamos lamentar una muerte para crear conciencia sanitaria y obrar en consecuencia.

Finalmente, las autoridades políticas tampoco se salvan. Las de Tornquist por no alertar con campañas y carteles suficientes sobre la presencia de ofidios, y por no difundir qué debe hacer el turista ante casos similares y cómo prevenirlos.

Porque por si no se dieron cuenta, en Sierra de la Ventana hay serpientes. Que no sean demasiado visibles no significa que no existan. Es como negar que en Monte Hermoso hay aguas vivas.

Claro que ofidios y medusas espantan a los turistas, pero es información demasiado relevante como para hacerse el distraído.

El gobierno local tampoco se salva. Estoy convencida de que en su gran mayoría, los ciudadanos bahienses no sabíamos, hasta la difusión de este caso, que si una araña, serpiente o cuanto bicho con mordedura tajante nos ataca, el único lugar donde se conservan y administran los antídotos, es el Hospital Municipal Leónidas Lucero. Puede que se haya dicho en alguna oportunidad, pero no es un concepto arraigado en el vecino común.

Finalmente, el gobierno provincial, debería considerar que el Centro de Referencia Toxicológica con sede en Bahía Blanca tendría que funcionar en el único hospital de alta complejidad regional que tenemos; esto es el Penna. Aunque las mordidas no sean cosa de todos los días, no parece lógico tener que poner el suero en un lado para después trasladar al paciente a otro. Eso cuesta mayor cantidad de dinero público que aportamos todos los contribuyentes.

La canción local oficial es pegadiza y remite a la necesidad de hacer mejor cada cosa que se emprende.

Pues bien. Si pueden hacerlo mejor, háganlo.

 

Bibliografía Sobre Venenos de Yarará:

http://www.fvet.uba.ar/invet/marunak.pdf

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