Tauro era el que Marcaba la Cancha

  • Escrito por Luis Alberto Cano

Se llamaba Tauro. Me quedó grabado ese nombre. Vivía con su familia detrás de la tribuna oficial que, obviamente, era de madera. Se entraba por una puerta de caño y alambre, pintada de verde por supuesto. A la izquierda de esa puerta ,su casa y a la derecha la secretaría y la cantina. Eran tiempos en los que Pacífico tenía la esquina que lo identificaba: Castelli y Charlone. Andando el tiempo, uno se vino a enterar que una de sus hijas fue víctima de la dictadura. Fue de esos personajes que formaron parte de la niñez y de la adolescencia y que por lo tanto no se olvidan. Forman parte de la película individual de nuestras vidas. Era el canchero.

Tauro, si el recuerdo no se me ha esfumado, era de contextura grande, y siempre me pareció hasta “secote” en el trato. Pero la vieja cancha de Pacífico no podía entenderse sin él. Me parece verlo aún hoy, preparando la cal en los grandes tambores que ubicaba sobre los laterales del campo de juego para luego , colar, llenar la regadera y empezar a marcar las líneas a puro pulso nomás.

Nunca vi a otro que no fuera Tauro marcar la cancha.

En este campo de juego de poderes que es una ciudad ¿quién es el que marca la cancha?.

En un lugar emblemático como la biblioteca de La Nueva, hace muy pocas horas dos entidades representativas de los poderes fácticos anunciaron oficialmente un acuerdo estratégico, así lo definieron, para impulsar el desarrollo de Bahía Blanca como cabecera de una región del sur y sudoeste de la provincia de Buenos Aires.

Tienen razón: que haya habido un acuerdo entre la Corporación y la Unión Industrial para pensar en colectivo es un hecho casi histórico, habida cuenta que siempre, cada una a su turno, solo se ha mirado su propio ombligo.

Pero a la foto del anuncio sobre los intereses comunes, le faltó una imagen: la imagen de la administración comunal. La imagen de la institucionalidad, elemento relevante para el funcionamiento republicano.

No se puede, ni se debe permitir, que todo desarrollo que tienda al bien común de una ciudad, cualquiera sea, quede librado a los intereses sectoriales (legítimos intereses) pero intereses sectoriales al fin.

Nadie discute la importancia histórica de una entidad como la Corporación, íntimamente ligada al crecimiento de Bahía Blanca desde su fundación en mayo de 1919. Nadie puede discutir el peso específico de una entidad como la Unión Industrial, habida cuenta el cambio de paradigma que en tal sentido experimentó nuestra ciudad a partir de la década del 90 con la privatización de Petroquímica Bahía Blanca y la presencia de Profertil. Pero esas entidades que representan intereses privados, deben responder a planes estratégicos planteados desde la órbita del Estado municipal.

Eso es respetar la calidad institucional. Eso es motivar que el Estado regule el desarrollo, el crecimiento y la riqueza, para que alcance el objetivo del bien común. Y el bien común, debe ser colectivo, no puede estar amañado y dependiente de intereses privados; porque si se tratara tan solo de eso, el Estado serviría de escenario e instrumento para los golosos de los negocios. Y los golosos suelen ser insaciables

Bahía Blanca, una ciudad que tiene enormes dificultades en servicios básicos como agua, luz y calles transitables, necesita de un estado presente. Necesita de un Estado, de una administración, que ejerza el Poder en representación de todos, y muy especialmente de los que no tienen acceso a este juego de poderes. La ciudad asiste, -desde la caída del gobierno de Rodolfo Lópes-, a una degradación institucional sin precedentes.

Muchos no se han dado cuenta ( o no quisieron, mejor) pero desde entonces, con mayor o con menor jerarquía y capacidad para ejercer un liderazgo institucional, el estado ha ido transcurriendo este proceso histórico casi sin conducción o, lo que es peor, con conducciones simultáneas y casi oscuras en algunos casos. Ahora seguramente dirán que la idea es ir de la mano juntos con la municipalidad. Pero, entonces pregunto: ¿por qué no esperaron que regresara el intendente para el anuncio y la foto?. Y por más que nos digan que el municipio estaba al tanto de todo, no solo hay que serlo, sino parecerlo. Y lo que devuelve esa imagen tomada en ese lugar emblemático del diario, es poco respeto a la institucionalidad. Poco apego a las formas. El metamensaje es “estamos nosotros y es suficiente para planear el desarrollo de nuestra ciudad”.

¿Sobre qué bases? ¿Respetando qué cosas? ¿Con qué plan? ¿Para alcanzar qué objetivos?

Con dinero se pueden comprar muchas cosas. Con mucho dinero se puede comprar de todo. Pero el prestigio es consecuencia del accionar, y el reconocimiento llega con una trayectoria respetable y respetada en el tiempo. En este año y pico de gestión, ya le han marcado la cancha varias veces al intendente: la UTA, los recolectores, los municipales, con Stiuso, con Montoto y ahora con esto.

Intendente, es hora que haga como Tauro: agarre la regadera y marque usted la cancha, en defensa de la calidad institucional y de su propio liderazgo.

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Fuente Foto: LaNueva

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