Más Crecimiento, Menos Calidad de Vida

  • Escrito por Sandra Crucianelli




Siempre nos dicen que el crecimiento de la ciudad es bueno; que es positivo el incremento de las construcciones así como el de la producción industrial. Aunque en algunos aspectos esto es así, en otros trae efectos no deseados, por ejemplo, en los cambios del clima, ya que ha quedado comprobado que en los últimos años los bahienses vivimos en una ciudad menos confortable. Un estudio académico que compara el clima de la ciudad entre 1985 y 2014, titulado "Modificaciones en la distribución espacial de la temperatura y la humedad relativa como resultado del crecimiento urbano", demostró que el aumento del área urbana y de las actividades industriales en los últimos años, modificó la distribución de la temperatura y la humedad, como también la situación de confort de sus habitantes.

"Con una superficie de 52 km2 aproximadamente, en el verano de 1985, el centro de la ciudad fue más cálido que las zonas periféricas. La zona más confortable fue la costera y las diferencias de temperatura dentro de la ciudad no superaron los 5 ◦C durante las mediciones diurnas. En 2014, con más de 110 km2 de zona construida, las diferencias en la distribución térmica fueron más marcadas. En el centro de la ciudad se presentaron las temperaturas más altas y las zonas más confortables fueron las periféricas y los parques. Las temperaturas de 2014 fueron levemente más elevadas que las de 1985. Por ello, el índice de temperatura aparente en el último año mostró a la ciudad en el rango de desconfort durante todo el día. Evidentemente el crecimiento de las edificaciones y el incremento de la población de esta ciudad durante los últimos 30 años generaron cambios en la atmósfera urbana. Los mismos modificaron la distribución espacial de la temperatura y la humedad relativa y con ello aumentó el desconfort de ciudadanos y turistas", sostiene el estudio, publicado en abril de este año por los investigadores de la UNS y del Instituto Argentino de Oceanografía, Dres. Federico Ferrelli, María Luján Bustos y María Cintia Piccolo, en la Revista de Climatología. 

Según el documento, más construcciones y más producción industrial impactaron en la atmósfera local afectando la confortabilidad y la calidad de vida de la población. 

Algunas conclusiones del estudio pueden resumirse de la siguiente forma: 

A pesar de ser una ciudad costera, la circulación atmosférica de Bahía Blanca presenta características continentales

A nivel local, el proceso de urbanización y la ausencia de vegetación alteran la distribución espacial de la humedad relativa.

La energía que se desprende de los edificios durante la noche ocasiona una fuente artificial de calor que da como resultado la formación de islas de calor. 

En esta ciudad son escasas las plazas y los espacios con importante vegetación: 6 por ciento del total del área urbana. 

El crecimiento de la ciudad de Bahía Blanca fue continuado a lo largo del período analizado. En 1986, la ciudad tenía una extensión de 52 kilómetros cuadrados de zona urbanizada.

En el año 2014 se observó un incremento del área urbana de un 110 por ciento, es decir, 111 kilómetros cuadrados.  

El mayor crecimiento fue en dirección norte y sudeste.

Se demostró que el crecimiento urbano de la ciudad experimentado durante los últimos 30 años repercutió en un aumento de la temperatura del aire y una reducción de la humedad relativa, del 6 por ciento 

Además las ráfagas máximas del viento decrecieron 3,6 kilómetros por hora.

La importancia del incremento de la urbanización es que se generan cambios en el gradiente térmico que pueden afectar el confort de los residentes.

La población de Bahía Blanca también aumentó. En 1980 la ciudad tenía 234.047 habitantes. El aumento registrado entre 1980 y 2010 fue de 67.484 habitantes. El mayor crecimiento inter-censal se observó entre 1980 y 1991 con 16 por ciento: 272.191 habitantes.

En los dos últimos censos de 2001 y 2010, el aumento fue inferior al 6 por ciento.

El incremento medio fue de 2.250 habitantes por año mientras que el crecimiento edilicio fue de 1,9 kilómetros cuadrado por año.

Los cambios entre ambas mediciones fueron consecuencia del aumento de la superficie construida que afectó a la distribución espacial de la temperatura del aire. Por un lado, el aumento de las edificaciones generó mayor retención del calor. Por otro, el tamaño de la ciudad alteró el comportamiento térmico

Mientras que en el verano de 1985 Bahía Blanca presentó una zona con temperaturas confortables en la zona costera durante todo el período de muestreo, en 2014 la situación fue diferente. Durante la mañana toda la superficie de la ciudad se presentó dentro del rango de temperatura confortable. A la hora de la máxima temperatura, la ciudad mostró un área superior al 99 por ciento de su cobertura con algún desconfort. 

El desconfort se relaciona con la salud al considerar aquellas áreas que son climáticamente estresantes para la población, sobre todo para los grupos de mayor vulnerabilidad, como son los ancianos y los niños.

En la noche se observaron las mayores diferencias en el confort urbano. La medición de la sensación térmica permitió establecer que el 59 por ciento de la población estuvo dentro del rango de algún desconfort.

Si quiere leer y/o descargar el estudio académico completo, haga clic aquí. 

Foto: Gustavo Lobos 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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