Árboles Peligrosos VII. Más Polvo Debajo de la Alfombra

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(Rastreo Digital y Opinión) - Otro capítulo frustrante se vivió este lunes en el Concejo Deliberante de Bahía Blanca. Los cuatro funcionarios políticos citados por unanimidad a dar cuenta de su actuación en el caso de los árboles del parque de Mayo eludieron cualquier responsabilidad y calificaron de accidente a la muerte de Daiana Herlein, de la que se cumplen exactamente dos meses. Sus respuestas no conformaron a varios concejales y menos a los familiares de la joven trágicamente desaparecida. Quien admitió el estado de peligrosidad latente del paseo fue el único funcionario de planta que asistió, el ingeniero Norman Dicek, firmante de uno de los informes que encendió el alerta no atendida a tiempo y en la magnitud debida. La jornada, que para peor culminó con agresiones y denuncias cruzadas, fue un eslabón más del encadenamiento de sinrazones desatadas la semana pasada con la negativa inicial a asistir al Concejo y que derivó en uno de los episodios más desagradables de la política bahiense de los últimos tiempos, de los cuales el propio intendente debió disculparse a través de una nota, sin fecha leída en el recinto. Antes de la audiencia, y horas después que el cuerpo le diera un ultimátum a Gustavo Bevilacqua para que “convenciera” a sus funcionarios de presentarse a brindar explicaciones, uno de los citados había enviado un mensaje de advertencia. “No voy a permitir que el Concejo lo juzgue” advirtió el secretario de Obras y Servicios Públicos sobre el caso Herlein. Al igual que el resto de los funcionarios convocados, Rubén Valerio ha repetido en este tiempo siempre el mismo argumento: “está actuando la justicia”. El caso de Valerio es emblemático, ya que ocupa el mismo cargo desde el interinato de Cristian Breitenstein. Esto quiere decir que es un directo beneficiario, todavía hoy, ocho años después, de la decisión de Rodolfo Lopes de pedir licencia como intendente, cuando la justicia recién comenzaba a investigarlo y aún, corría abril de 2006, estaba lejos de expedirse. Como se recordará, finalmente Lopes fue sobreseído en el ámbito judicial, pero eso ocurrió más de dos años después, cuando el Concejo ya se había encargado de destituirlo. En aquel momento, setiembre de 2008, políticamente, ya no había espacio para un eventual regreso del ex intendente. Breitenstein había ganado la elección, ya no era más interino y Valerio, como hoy, gozaba del cargo de secretario.

El ejemplo muestra que la responsabilidad de los funcionarios municipales, desde el intendente para abajo, es un camino de doble vía. Que los secretarios y directores involucrados en el caso del Parque de Mayo se nieguen a una entrevista con la prensa, podría admitirse. Pero que olviden, o pretendan que los bahienses olvidemos, que su responsabilidad, además de judicial, como de la de todo el mundo, también es política y tienen la obligación de responder ante la ciudadanía cuando el órgano que la representa los convoca y de manera unánime, ya es demasiado. Como demasiado es lo que ha tenido que soportar la vida política de esta ciudad en la última década para que en algún momento haya que decir basta.

Podrá discutirse el momento en el que arrancó la actual debacle político-institucional que padece Bahía Blanca. Algunos la ubicarán en aquella etapa oscura de 2006 que arrancó en verano y terminó en invierno, con la destitución de Lopes. Otros citarán el episodio de la licencia que Breitenstein debía pedir y (por capricho, según admitió aquella vez, quien hoy es uno de los secretarios clave del gabinete municipal) no pidió cuando en setiembre de 2009 se fue de paseo a Europa. Aquello fue, ni más ni menos, que el anticipo del mayor engaño que se concretaría en noviembre de 2011, cuando anunció que no asumiría el cargo para el que había sido electo, tras una campaña financiada en gran parte con los dineros del dudoso Coprotur. Los más sutiles dirán que la decadencia institucional se manifiesta en forma diaria en los varios bloques y sub bloques del Concejo (algunos explícitos, otros no tanto) que, aunque con diferentes nombres y banderías, responden siempre al o los mismos personajes y eso, podra pasar desapercibido en los discursos, pero siempre aflora a la hora de votar.

Independientemente de la valoración subjetiva que cada uno haga de esos episodios, puñado de grandes muestras que ayudan a describir y entender, en parte, el panorama actual, hay un hecho evidente que aporta la Física y que no se puede negar: las suciedades que se ocultan debajo de la alfombra, mientras se mira para otro lado, se acumulan de manera tal que un día, ya se hace imposible caminar y no podemos evitar la caída. Esa costra consolidada va tomando la forma dura de un pretendido caparazón de impunidad en las espaldas de los funcionarios que, por lo tanto, se creen intocables. Y hacia afuera se vuelve hacia la ciudadanía en la pesada sensación de que es muy difícil perforar esa capa. Salvo que decidamos, todos juntos, sacudir la alfombra y limpiarla de una buena vez.

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